Agradecemos a los compañeros de la Coordinadora de Organizaciones de Base La Brecha por permitirnos reproducir la siguiente declaración.
El próximo 22 de noviembre, por primera vez en la historia de nuestro país se definirá el nuevo presidente por medio de un balotaje. Luego de 12 años de gobierno del FPV, la sucesión presidencial se da en un complejo panorama, signado por la difícil situación económica y un agotamiento de la experiencia política del kirchnerismo como fuerza gobernante. Desde COB La Brecha compartimos algunas reflexiones y nuestro posicionamiento sobre este tema que atraviesa las discusiones cotidianas en todos los ámbitos sociales en nuestro país.
El primer elemento novedoso brindado por las elecciones del 25 de octubre es el importante ascenso de Cambiemos, que logró reagrupar detrás de la figura de Mauricio Macri a distintas fuerzas políticas en una alternativa conservadora con posibilidad de alcanzar la presidencia. Esto es un nuevo síntoma que confirma lo que venimos señalando desde antes de octubre: el corrimiento general hacia la derecha del escenario político y sus correspondientes modificaciones en la hegemonía ejercida sobre el pueblo trabajador y otros sectores oprimidos. La elección de Scioli como candidato del oficialismo ya manifestaba meses atrás la reorientación conservadora del proceso de recambio presidencial y un cierre del ciclo político del kirchnerismo hacia la derecha, un proceso que no es aislado, sino que puede rastrearse en su larga década en el poder (2003-2015).
DE ESCENARIOS Y CARACTERIZACIONES DE UN FIN DE CICLO
El kirchnerismo, como fenómeno que emerge luego de la rebelión de 2001, supo combinar tres elementos: la reconstitución de la legitimidad de las instituciones del Estado, el relanzamiento de la acumulación capitalista y una gran adhesión popular. La relativa recuperación de los niveles de empleo, salariales y ciertos derechos laborales y sociales no pueden comprenderse sin el aumento extraordinario de las tasas de ganancia, a partir de un cambio de signo respecto del modelo económico. Un modelo basado en la industria extractiva, en la explotación de los bienes comunes (como la minería, el petróleo) y la extensión de la soja. En esta larga década la economía argentina se concentró y extranjerizó a niveles altísimos, mostrando la fragilidad de la recuperación que experimentamos lxs trabajadorxs en nuestras condiciones de vida. Así es que, a partir de la crisis internacional y las dificultades del comercio exterior, especialmente la caída del precio de las materias primas que se exportan, la variante de ajuste fuimos, nuevamente, lxs laburantes. Las respuestas a la creciente conflictividad social fueron, cada vez más, mayor represión y, cada vez menos, la negociación.
Este año vimos la agudización de estas limitaciones económicas, cuyo principal síntoma es la falta de divisas, que las alternativas patronales pretenden cubrir con nueva deuda y/o la devaluación del peso. La necesidad de disminuir el déficit fiscal augura recortes a las políticas sociales y aumentos de tarifas. Incluso el gobierno en los últimos dos años avanzó en ese camino, devaluando y endeudándose. Esta situación es producto de su política económica, que no modificó en 12 años las limitaciones estructurales de la economía argentina. El fin de ciclo, entonces, se expresa como el agotamiento del modelo económico kirchnerista, abriendo también las puertas al agotamiento de su experiencia política.
En ese marco, y sobre todo a partir de las elecciones legislativas del 2013, el kirchnerismo tomó distintos elementos programáticos de su oposición por derecha (por ejemplo la creación de policías comunales), preparando el giro conservador de todo el escenario político.







