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miércoles, 23 de octubre de 2013

[PIQUETERO N°5] EGIPTO: POR LA RUPTURA DE LAS ORGANIZACIONES POPULARES CON EL GOLPE MILITAR CONTRARREVOLUCIONARIO

EGIPTO: después de dar un golpe contra la movilización más grande de la historia, el ejército liberó a Mubarak


POR LA RUPTURA DE LAS ORGANIZACIONES POPULARES CON EL GOLPE MILITAR CONTRARREVOLUCIONARIO



Para echar a los militares, primero tenemos que aislar al gobierno y reestablecer la independencia política de los luchadores contra el Estado

Lionel Zivals
@LionelZivalsTPR

El país más obrero del mundo árabe y uno de los centros de la revolución está atravesando un momento contrarrevolucionario: luego de que el ejército dio un golpe contra el ascenso del movimiento huelguístico y desplazó a Morsi, se ha desatado una brutal represión a la izquierda y al movimiento obrero, que no ha cesado con las huelgas. El gobierno ha conseguido apoyos para un comité redactor de la constitución y convocó elecciones en 2014. En este contexto, se está viviendo un proceso de integración al gobierno militar o adaptación al mismo de lo que fuera la vanguardia del movimiento contra el régimen de Mubarak. Esto le da estabilidad al gobierno militar y aísla a la Hermandad Musulmana, que están sufriendo una gran represión y son la única organización, junto con Socialistas Revolucionarios, que se todavía son opositoras al golpe militar. La tarea pasa, por lo tanto, por desarrollar un trabajo de zapa para aislar al gobierno y restablecer la autonomía de las organizaciones obreras y populares.


Después de la movilización más grande en la historia de la humanidad, un golpe militar contrarrevolucionario

El ejército egipcio echó a Morsi en medio de un proceso de luchas ascendentes contra su gobierno, el de la Hermandad Musulmana (HM). Según el Centro Egipcio para el Desarrollo Internacional, hubo 3.800 huelgas en 2012 y en la primera mitad del 2013 (último tramo del gobierno de Morsi), 5.500 huelgas y protestas. El gobierno de Morsi se desgastó adoptando un perfil anti-obrero y apoyándose en el aparato estatal mubarakista contra la movilización de los trabajadores.

El movimiento 6 de abril, protagonista de las movilizaciones que echaron a Mubarak, junto con otras organizaciones de izquierda como Socialistas Revolucionarios (parte de la Tendencia Socialista Internacional), constituyeron la campaña Tamarrod (Rebelión, en árabe) que juntó millones de firmas contra el gobierno de Morsi (entre 15 y 22, más de los votos que había obtenido la HM). Sin embargo, el movimiento popular no intervino de forma independiente sino que se subordinó al ejército: este último dió un golpe contra Morsi y los voceros de Tamarrod aparecieron en la conferencia de prensa de formación del gobierno. Es decir que a diferencia de lo que caracteriza la gran mayoría de la izquierda mundial, no se trató aquí de que una segunda revolución victoriosa que habría logrado echar a Morsi, y que luego de ello, el Ejército habría “secuestrado” el poder, para encaminar el proceso político hacia la derecha, por incapacidad de las masas. Por el contrario, hubo un golpe de Estado contra la revolución que se avecinaba.

La caracterización que se hace desde la mayoría de la izquierda, en primer lugar, de forma más descaradamente derechista, como el PSTU (LIT), es totalmente errónea y no se explica por la realidad misma, dado que la inmensa mayoría de la gente festejó el golpe junto al Ejército en las calles, e instigados por el Frente de Salvación Nacional (coalición liberal encabezada por ex funcionario de la ONU El Baradei) y la propia campaña Tamarrod. Es decir que creen que el Ejército es un instrumento para ‘reencaminar’ la revolución. La política de las organizaciones que centran hoy su política en un “ni ejército ni Morsi” en vez de concentrarse en la derrota del golpe es una versión izquierdista de esta caracterización.

Hay que tomar en cuenta lo siguiente: el Ejército es uno de los principales capitalistas de Egipto, pues tiene un tercio de los bienes industriales agrarios y comerciales.

Por eso el golpe militar forma parte de un operativo contrarrevolucionario: al ver que se avecinaba el fin de su aliado Morsi, decidió intervenir para salvar el régimen. Morsi, por su parte, no obró al estilo De la Rúa, preparando la huida al ver que la vía represiva no bastaba. Cuando anunciaron que lo querían destituir, dio un discurso de varias horas anunciando que resistiría, se atrincheró tapiando la casa presidencial con cemento, y llamó a las huestes de la Hermandad que, desde el interior del país, trajeron cócteles molotov, cachiporras, hachas, y otros elementos...y se alistaron para ir a enfrentarse con las masas que se movilizaban. Lo que ocurrió es que fue el propio Ejército que, primero se negó a reprimir a las masas, y después, intervino en las calles contra la Hermandad, encarcelándolos, pero no en defensa de las masas, sino para evitar una guerra civil, que si se desata, cuestionará inmediatamente sus intereses, por ejemplo, el préstamo con el FMI, el envío de cazabombarderos, sus propiedades, etc.

El gobierno del ejército reprime a la Hermandad Musulmana, al movimiento obrero y a la izquierda

Confirmando el carácter reaccionario del golpe, el ejército comenzó a reprimir a las organizaciones populares, de izquierda y al movimiento obrero. Según The Economist del 07/09, 2.000 personas murieron desde la caída de Morsi, la mayoría por las armas policiales, y 11 líderes de la Hermandad Musulmana fueron sentenciados a prisión perpetua por una corte militar. El ejército incluso disparó a sangre fría movilizaciones de la HM matando de a cientos. El gobierno ha dado también dos signos ineludibles de restauración contrarrevolucionaria: la liberación de Mubarak y el nombramiento de gobiernos locales a manos de ex partidarios del dictador.

Sin embargo, la represión no fue exclusiva a los partidarios de Morsi, que fueron los que más se movilizaron contra el golpe. Metieron en la cárcel a tres dirigentes de la Suez Steel (fábrica de acero), que luego fueron liberados, pero con cargos que los pueden llevar hasta 5 años a prisión; detuvieron a uno de los líderes de Socialistas Revolucionarios (Haitham Mohamedain, como TPR formamos parte de la campaña internacional por su liberación) y lo acusan de “atentar contra el estado” y “querer destruir el orden social”; el movimiento 6 de Abril, pese a su adaptación al gobierno, ha sido atacado desde la prensa oficialista como la “quinta columna de la Hermandad Musulmana” (Arham Online, 03/09).

“Los trabajadores que fueron campeones de la huelga en el régimen previo tienen que ser ahora campeones de la productividad”

La frase corresponde al ex-lider de los sindicatos independientes, Abu Eita, creados bajo el fuego de la revolución en 2011, contra la burocracia sindical ligada al régimen de Mubarak y que fueron muy activos en la campaña Tamarrod. Eita renunció a su puesto para ocupar nada más y nada menos que el ministerio de Trabajo del nuevo gobierno militar. Su promesa pública acerca de una ley de salario mínimo fue incumplida. Esta es la versión más grosera de un proceso de adaptación más general. Dos líderes fundadores de la campaña Tamarrod, Mahmoud Badr y Mohamed Adbel-Aziz, fueron incluidos en el comité para redactar una nueva constitución digitado por el gobierno (Arham Online, 02/09). El movimiento 6 de abril (en medio de las acusaciones que sufre por parte del gobierno) declaró que “reconoce” el comité redactor de la constitución, que se encuentra “satisfecho con el número de representantes jóvenes” y mandó una serie de propuestas al mismo (Arham Online, 03/09).

Esto también se manifestó cuando el gobierno militar, el 26 de julio, llamó a manifestaciones para “confrontar la violencia y el terrorismo”, en una referencia velada contra la Hermandad Musulmana (Merip.org, 23/08). “La Federación de Sindicatos Independientes (EFITU), sacó un comunicado afirmando el derecho de expresión, movilización y huelga, y al mismo tiempo ‘el derecho de los aparatos del estado egipcio de confrontar la violencia y el terrorismo’. Esos mismos aparatos estaban rompiendo huelgas y atacando a los manifestantes bajo el gobierno de Morsi. Y lo han continuado haciendo tras su disolución” (Idem). Las movilizaciones fueron apoyadas por la Federación de Sindicatos Egipcios, que “se opuso a casi todas las huelgas de los últimos 15 años. La Federación de Sindicatos Independientes, que apoyó a la intervención militar contra Morsi, se encuentra ahora incómodamente cerca de una institución clave del régimen de Mubarak” (idem).

La integración y adaptación al gobierno egipcio se enmarca en un proceso más general de la Revolución Árabe, como se ve en Túnez en la constitución del Frente de Salvación Nacional constituido por el Frente Popular (que incluye al trotskismo mandelista) y los liberales. La izquierda, bajo la excusa de estar “contra la reacción islamista”, se integra a la reacción liberal-imperialista, tanto en su versión militar como democrática.

La bancarrota capitalista mundial condiciona los fundamentos de la estabilidad de la contrarrevolución

El semanario inglés The Economist caracteriza que “luego del alzamiento revolucionario, un estado autoritario está tomando nuevamente el poder” (7/9). Sin embargo, lo que The Economist no toma en cuenta es que el proceso contrarrevolucionario que se está viviendo en Egipto se encuentra parado sobre un volcán en erupción: las masas egipcias derrotaron hace 2 años y medio a una dictadura de décadas y hace 2 meses protagonizaron la mayor movilización en la historia de la humanidad, las huelgas obreras no han cesado y consiguen algunas victorias parciales como la liberación de detenidos en Suez Steel Company. Al mismo tiempo, el gobierno se encuentra bajo una gran presión económica, como lo demuestra que el déficit fiscal haya pasado del 11% el año pasado a 14% en junio (Bloomberg, 28/8). Esta presión sólo es aliviada por la circunstancial e inestable ayuda de los países del Golfo: “uno de los jefes del Banco Central Egipcio dijo que ni Arabia Saudita ni los Emiratos Árabes Unidos habían pagado las cifras a las que se habían comprometido al inicio del golpe” “Qatar ya canceló el segundo y el tercer tramo de ayuda” (Middle East Monitor, 6/9)

Por la ruptura de las organizaciones populares con el gobierno militar

A su vez, en el proceso de cooptación se han desprendido fracciones a izquierda que reclaman la independencia de la clase obrera. Fatma Ramadán, del comité ejecutivo de la Federación de Sindicatos Independientes publicó una carta cuando Abu Eita se integró al gobierno, repudiando el hecho, diciendo que fue inconsulto en la dirección sindical y llamando al ejército “secuestradores” de la revolución. Ella se ha manifestado, aunque en minoría, contra la “hoja de ruta” del gobierno militar. Por su parte, el Congreso Permanente de los Trabajadores de Alejandría (no está en la Federación Egipcia ni en la Independiente) sacó un comunicado contra los dichos de Abu Eita. La organización Socialistas Revolucionarios, tienen un accionar centrista: de votar a Morsi en el 2012, pasaron a apoyar su derrocamiento un año después. Hoy, opuestos al régimen militar y perseguidos por el mismo, caracterizan eclécticamente que “las fuerzas revolucionarias que querían impulsar la revolución no fueron lo suficientemente fuertes” al tiempo que “el gobierno consiguió cooptar algunas secciones del movimiento revolucionario” (Socialist Workers, 3/9). Claramente no se trata de una falta de fuerzas (¡la movilización más grande de la historia de la humanidad!) sino de una orientación frentepopulista de la dirección del movimiento, que hay que denunciar para poder superar. Para poder darle un norte y una alternativa al próximo alzamiento popular egipcio, es necesario construir un partido obrero independiente.

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