Juicio político: un trampolín que se debe usar
en el momento del salto revolucionario
“¡Contra el comunismo nacional! (lecciones del «Referéndum rojo»)” - Escrito por León Trotsky el 25 de agosto de 1931, fue publicado por primera vez en el Biulleten Oppozitsii Nº 24
Porque, si acusamos con bastante justicia a los socialdemócratas de preparar el camino al fascismo, en lo último en que puede consistir. nuestra tarea política es en hacerle más corto este camino (...) La esencia de la circular, liberada de la confusión y las contradicciones, se reduce a que, en última instancia, no existe diferencia entre el enemigo que engaña y traiciona a los trabajadores aprovechándose de su paciencia y el enemigo que quiere simplemente aniquilarlos.
(...) En otras palabras: el referéndum rojo solamente juega el papel de un trampolín para el salto revolucionario. Efectivamente, como un trampolín, el plebiscito habría estado plenamente justificado. Que los fascistas voten o no junto a los comunistas pierde toda significación en el momento en que el proletariado, con su presión, derroca a los fascistas y toma el poder en sus manos. Como trampolín se puede usar cualquier tabla, incluida la tabla del referéndum. Sólo que la posibilidad de dar realmente el salto debe estar ahí, no de palabra, sino de hecho. El problema, en consecuencia, se reduce a la correlación de fuerzas. (...)
Salir a la calle con la consigna de ¡Abajo el gobierno de Brüning y Braun!» en un momento en que, según la correlación de fuerzas, solamente puede ser sustituido por un gobierno de Hitler y Hugenberg, es el más puro aventurismo. La misma consigna, sin embargo, adquiere un significado totalmente diferente si se convierte en una introducción a la lucha directa del proletariado mismo por el poder. En un primer momento, los comunistas aparecerían a los ojos de las masas como los ayudantes de la reacción; pero, en un segundo momento, el problema de cómo votaron los fascistas antes de ser aplastados por el proletariado habría perdido toda significación. (...) Se puede considerar como indiscutible que, en el momento del levantamiento proletario, la diferencia entre la burocracia socialdemócrata y los fascistas se verá de hecho reducida al mínimo, sino a cero. (...) En consecuencia, no consideramos la coincidencia del voto con los fascistas desde el punto de vista de ningún principio abstracto, sino desde el punto de vista de la actual lucha de clases por el poder y de la correlación de fuerzas en un estadio dado de esta lucha.
(...) Por supuesto que debemos popularizar la necesidad de derrocar al gobierno provisional; pero llamar a los trabajadores a la calle bajo esa consigna, eso no podemos hacerlo, porque nosotros somos una minoría dentro de la clase obrera. Si derrocamos al gobierno provisional en estas condiciones no seremos capaces de ocupar su lugar y, como consecuencia, ayudaremos a la contrarrevolución. Debemos explicar pacientemente a las masas el carácter antipopular de este gobierno antes de que suene la hora de su derrocamiento.
(...) Con la ayuda del plebiscito prusiano, los nacionalsocialistas quieren provocar el colapso del extremadamente inestable equilibrio gubernamental, de cara a forzar a los estratos vacilantes de la burguesía a que les apoyen en la causa de una sentencia sangrienta contra los obreros. Apoyar a los fascistas sería la mayor estupidez por nuestra parte. Es por esto por lo que estamos en contra del plebiscito fascista.


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